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The Cure – Standing on the Beach The Singles (1986)

The Cure – Standing on the Beach The Singles (1986) Fiction Records

Crónica de un encierro y un despertar (o como los cure nos llevaron al bosque)

Cada fin de mes mi madre hacía “el pedido” en el ya desaparecido Supermercado Gigante de Chillán. Tenía 11 años y mi padre, que me visitaba en las vacaciones, me había regalado un personal stereo IRT y sólo tenía un par de cintas que una tía había grabado de la radio. En ellas estaba registrada ‘Nunca quedas mal con nadie’ la canción que me destapó los sesos y me convenció de que lo que quería hacer hasta morir era cantar, hacer canciones.  Sin embargo, aún no podía estrenar en mi nuevo “sistema de sonido móvil” un cassette original. Y fue en la ruta final de la visita al super que encontré una pequeña vitrina de cintas. Mi madre deambulaba por los pasillos y yo estaba congelado viendo caratulas  con esa sensación de que algo encerraban. Reconocía algunas, conservaba el recuerdo de los vinilos de The Beatles que tenía mi padre; a Freddy Mercury porque hacíamos fonomímicas con un amigo de la calle mapocho cuando tenía 4 años; a Boy George, porque el mismo amigo me regaló un póster de él cuando me fui a Chillán. Pero más fuerte que todo, incluso saltándome el deseo de tener a Los Prisioneros, fue la impresión de una cara ajada. Fue un viejo mirando cansado, pero casi con amabilidad; una sonrisa insinuándose. La banda The Cure, el título ‘Standing on the Beach’ y en el vértice inferior derecho la leyenda “incluye el éxito: los chicos no lloran”.

Mi madre tocó mi hombro y me preguntó que miraba. Le respondí con una petición, casi una súplica, quiero ese cassette, por favor. Había bastado leer esa frase, desconocer la canción, pero recordar cuántas veces había escuchado esa secuencia: de mis profesores, de algunos amigos, de enemigos, de tíos, abuelos. Los chicos no lloran, intuía que algo debía decir de eso. Intuía que pondría play y mi vida cambiaría. Y así fue.

Durante meses volvimos al mismo ritual, pero nada fue como aquella primera vez. Aquel primer cassette inauguró todo. Llegué a casa, el primer platillazo y un riff medio oriental, la entrada de la batería y una voz que escupía las letras, cantaba como a mí me gustaría cantar, pensé. Corrí donde mis amigos de la cuadra, saqué el tesoro. Fuimos a un comedor donde había un piano (en la casa donde la madre de uno de mis amigos cuidaba a una señora en estado senil). Y ahí vivimos el rito de escuchar toda la cinta, tirados en el piso, entraba poca luz tras las cortinas rojas. Sonaron cada una de esos éxitos que compilaba esta entrega. En unos minutos la historia de una de las mejores bandas que he escuchado en mi vida y de las que más influyó a buena parte de los músicos chilenos y argentinos que inundaban las radioemisoras en aquella época. “Hueón, se parece a Emociones Clandestinas” dijo alguien al dar vuelta el cassette. A esa altura, A Forest, Primary, Charlotte Sometimes me  habían arrancado el corazón.

Hace ya un par de años comenzaba la aventura de crear una banda, sin saber tocar un solo instrumento. Hacíamos canciones que grabábamos en una radio. En la misma que ocupamos como “Casetera A” para copiar con el más rudimentario de los sistemas aquella joya que había llegado a nuestras manos. Todos en nuestras casas escuchando a Robert Smith. El anochecer provinciano de un Chillán silencioso en plena Dictadura se llenaba de estas melodía oscuras. Pasarían días y meses para que lográramos un par de traducciones de canciones con ayuda de un diccionario Inglés – Español horrible. Constatamos con rapidez que aquella nostalgia y melancolía, esa sensación de claustrofobia y hastío tenía un nicho; un eco, una compañía. ¿Por qué escucha esa música tan triste y fea? Me preguntaban en casa. No respondía. ¿Por qué no escucha algo más bailable y en español? No respondía. Nosotros ya teníamos nuestra complicidad con los Cure, nos acompañaban en nuestras dudas, en nuestras ganas de tocar, en las primeras derrotas amorosas, en la incomprensión familiar. Sí, no vimos muertos por las calles, no vivimos lo más horrible de la dictadura. No obstante, sentimos otra forma de opresión, otras formas de censura, de aislamiento y de castración cultural.

El mismo año que Los Prisioneros hacían la gira nacional el 87, nos arrancamos de casa para ir a verlos; el mismo año Virus también visitó la ciudad. Unos meses después lo hizo Soda Stereo. Y aunque nos gustaban, sabíamos que Cerati le copiaba el peinado a Smith. Supimos que Buenos Aires estaba muy lejos y que los Cure habían tocado ahí; que claramente no lo haría en Chile. A Chile no venía nadie a tocar. Sin duda, los sonidos se estaban gestando desde dentro, desde aquí se soñaba y se gritaba con rabia. Hasta acá siguieron llegando nuevos discos y cassettes que se pirateaban y se compartían en el cara a cara, en las calles, en las casas.

El soporte cambió y cambió también la manera de relacionarnos con la obra. Muchos sólo escuchan los singles, sueltos. Las nuevas generaciones desconocen el rito de escuchar un Disco, la entrega completa, seguir la discografía. Prefieren pequeñas dosis. Como quién lee citas o arranca hojas de un libro. Una muestra, algo pequeño.

El primer cassette es tan o más importante que el primer beso. Ambos pueden mirarse con perspectiva en el tiempo y claramente darles su respectiva importancia. Pero aquel sonido fundante, ese que se tatúa en tu cuello, regula por mucho tiempo los latidos de tu corazón.

Con el tiempo, The Smiths volvió a refundar muchas cosas. Intenté tener un pelo como piña a lo Robert Smith, no me resultó. Un jopo Morriseano, tal vez ahí tuve un poquito más de éxito. Pero ahora, calvo y lleno de cicatrices, y habiendo tenido un largo romance con Mozz y sus amigos; creo que saldaremos una deuda en vivo el 14 de abril, una deuda con el origen. Un regreso para saltar nuevamente hacia el futuro. Hasta los últimos días de la muerte, cuando se venga la última palada sobre tu rostro. Intentaré pensar que será como el video de Close to Me y tocaré un pequeño Casio dentro, para despedirme de este mundo de una vez por todas.

Cristian Olea Feres
Colaborador RA!
http://facebook.com/cristianextranjero

 

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  1. wena

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