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Hija de Perra, el buen gusto tenía un nuevo código

Cuando el punk era una mierda de sonidos melódicos provenientes del barrio alto y con skate bajo el brazo, o peor aun, cuando muchos se preocuparon de el equipamiento por sobre la idea, surge desde un underground desconocido y renovado una escena electro pop, que con un sonido mediocre y sin pretensión, penetra literalmente en la historia de la música chilena. jamas reconocidos por los intelectuales y tecnicistas especializados en medios musicales.

Desde la marginalidad real (sexual, económica y emocional) forjan una escena valiente y superficial, asumiendo el estándar de una sociedad malograda y conformista, donde las profesiones burguesas se adjudican una cultura sometida y sumisa, justificando el neoliberalismo a punta de smartphones y “comunitys managers”. Una parodia para el real estado de las cosas.

Hija de Perra desde sus inicios fue una artista, sus performances superaban el rigor de las escuelas de teatro y su talento rebosaba desidia para quienes presenciaban sus espectáculos. Apelaba a tu inteligencia, su discurso encubierto en maquillaje y luces baratas, prolongaba la idea de guerrilla contra la rutina y normalidad, alejándose  de las trampas del sistema, construyendo una carrera artística solida y única. Su liderazgo desde la minoría marginal le daba el verdadero toque “chic” deseado, aquella fantasía glam se consagraba con cada repudiable y asquerosa experiencia visual que profesaba, el doble standar y la gente decente eran sus enemigos, siempre reduciendo su propuesta a un sin sentido que ni ellos entendían, por que así era, las explicaciones no tenían cabida, el buen gusto tenía un nuevo código, y solo quien lo entiende sabe de lo que hablo.

Una tristeza es la muerte de este artista, quien consolido una tendencia en terrenos difíciles,  donde una real lucha contra lo establecido consagro su honestidad, y ese sentido es lo que dicta la calidad de una expresión.

 

 

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