Discos de Cabece#RA!

Deerhunter – Cryptograms (2007)

Deerhunter – Cryptograms, 2007. (Criminal Records).

 

Esta es mi primera columna/crítica de discos para este sitio y para cualquier otro en realidad, alguna vez, como todos, o muchos al menos, las hice en un cuaderno medio mágico donde escribía tips y vínculos emocionales que me generó tal o cual disco. De esto, no tengo muchas expectativas al respecto, es complicado escribir, más lo es hacerlo de algo tan intangible, subjetivo y tincado como  lo es la música, donde un día un disco te revienta y hace llorar, y al otro puede que hasta critiques a alguien por llevarlo en su reproductor portátil. No me ha pasado en lo personal, exageré.

Por días pensé cuál sería el disco indicado para abrir este espacio, pensé en discos actuales que me han deslumbrado en lo personal, como Lonerism de Tame impala, o Valtari de Sigur Ros, los cuales me tuvieron atrapado en ellos buena parte del año. También pensé en importantes y nuevos discos nacionales, GP de Gepe o Las Cruces de Protistas o White streets de  Intimate Stranger. Traté de hacer algo con la última genialidad constructivista emocional casi Maturanista de Café Tacuba y el universo de sonidos que es The Flamings lips and Heady fwends, última maravillosa creación de la banda de Wayne Coyne. Más tarde, fui a tierra segura con una importante pieza 2012 como fue Centipede HZ, de Animal collective, del cual podría digitar horas por mi fanatismo personal, pero no, creo que debo empezar con algo más íntimo, algo que refleje más a cabalidad lo que será el estilo de esta columna, sobrio, sobre un objeto sonoro intangible que me represente plenamente. Es así que volví un par de años en mi discografías preferidas y pensé en escribir acerca de trabajos fundamentales como Mr. Beast de Mogwai, Funeral de Arcade Fire o Let the England shake de Pj Harvey, pero quedaba corto, aún no me sentía lo suficiente cómodo evaluando y calificando un trabajo que pudo costar una vida o influenciando (o al menos en el papel, pretendiendo) a alguien que escuche un trabajo deficitario, liviano y que resultó producto más del talento natural que de una situación emocional importante o del trabajo colectivo  de una determinada banda.  Es así, que después de este sin numero de procesos, finalmente llegue a el (los) indicados.

Bradford Cox es un año mayor que yo, padece una extraña e incurable enfermedad llamada Marfan, es músico, escribe constantemente en un blog de su propiedad (http://deerhuntertheband.blogspot.com/), y es evaluado por quien escribe, como uno de los seres, más honestos y talentosos de esta generación. El, tanto con su deslumbrante, conmovedor y adictivo proyecto personal Atlas Sound, como con su multisonora y penetrante banda de la vida Deerhunter, han acompañado mis viajes y ha embellecido mis trayectos por meses completos.

De su crónica enfermedad nada se, no quiero carrilearme ni googlear al respecto tampoco, poco importa en esta pasada. Solo se que este estado le ha enseñado lo que es el dolor, lo que es sufrir, lo que es perder el miedo a la muerte y a la vida, y ha generado que sin tapujos sea capaz de gritarle al mundo que quiere morir al lado de alguien, que está desesperanzado, cansado, enamorado, iracundo, y que sus emociones explotan y alcanzan el nivel de su dolor físico. También puedo aseverar sin temor a equivocarme, que este síndrome le ha regalado millones de horas de una soledad que de cierto modo le enseñó a generar las extensas exquisitas atmósferas tan características de su sonido, y las cuales es capaz de lograr tan solo en compañía de su guitarra, efectos, y pedales de looper.

Los trabajos más importantes y exitosos realizados por Deerhunter son Microcastle (2008) y Helcyon digest (2010); y Logos (2009) y Parallax (2011) en el caso de su proyecto individual Atlas sound. Seguramente sería más fácil y rápido hablar de ellos y podría estar horas haciéndolo, sin embargo nos detendremos en otro gran trabajo.

Cryptogramas (2007) es el segundo disco de estudio de Deerhunter, un disco que escuché (menos mal) posterior a los otros más masivamente conocidos, lo que claramente me ayudó a entender la fórmula propuesta por Cox y los suyos en este trabajo. La peculiaridad de Cryptograms, es que sus temas se dividen principalmente en 2, los ambientales, que son principalmente atmósferas, saturación de ruidos, repeticiones de delays de guitarras, y cuyos ritmos se van intensificando a medida que el tema lo requiere, y los otros, más cercanos a canciones tradicionales, aunque sin el formato típico, ya que es difícil encontrar una canción de este autor con una estructura verso/coro definido.

El disco abre con “intro” un track introductorio, que es bastante buen reflejo de lo que vendrá a lo largo del disco, canción instrumental, monótona, imposible de seguir a cabalidad en concentración absoluta, y en donde la voz está completamente ausente y si aparece es solo una atmósfera más de la multiplicidad de capa de sonidos presentes. A continuación suena “Cryptograms” canción que le da el nombre al disco, tema más frenético, tal vez el más iracundo del disco, y que sobrepasa por mucho la media de agresividad de las creaciones de Cox, con un tempo bastante rápido y una voz que expresa rabia, es el track más cercano a su primera etapa con la banda. Las líricas de esta canción están principalmente referidas a una especie de crisis, a un ataque catarsico característico de un síndrome terrible, de impotencia ante la pérdida de conciencia y el dolor por la imposibilidad de comunicarse con el mundo, una gran canción y ya sabemos por qué el disco lleva su nombre.

Luego de esto el disco navega en un mar sonoro de 5 tracks semisintrumentales, matizados según la emoción expresada. Así, continúa la calma onírica posterior al colapso, materializada en “White Ink”, para luego estallar en la oscuridad y amargura de “Lake somerset”, donde la instrumentalización global del tema, nos habla de una banda sólida, cohesionada, afiatada, que sabe hacer las cosas y que maneja de manera perfecta la relación emoción/sonido. A continuación el disco se adormece por un par de minutos en “Providence” para luego dar paso a una genial y contundente “Oklet”, pieza sonora, con un rítmico y solido bajo y con la voz de Cox ambientando hasta el más minúsculo silencio. Sigue el album con la letárgica “Strange Lights” que más que nada sirve de pieza introductoria a la siguiente etapa del disco, caracterizada por canciones más estructuradas y con un formato menos peculiar que las descritas. Es a la vez “Strange lights” la mejor introducción para la obra maestra  que es “Hall spring Convert”, canción indescriptiblemente genial, favorita de muchos y cuya escasa letra divaga en temáticas como el dolor, la impotencia y la distancia incontrolable y donde la voz armónica de Bradford cala hasta el último de los huesos. En la misma línea sonora continua “Hazel hz” canción de muy similares características que la anterior aunque una pizca más alegre. El disco termina con el silencio de “Tape this orchid” y el apabullante temazo que es “Heatherwood”, resumen de este disco y que refleja a la perfección la línea sonora del trabajo presentado y de Deerhunter en general, con tempos rápidos, interpretaciones individuales más inteligentes que virtuosas, y multiples sensaciones emocionales polares..

Un regalo fue conocer a Deerhunter y Atlas sound, pero más aún conocer la fuerza de este hombre, un nuevo modelo de frontman de los 2000, sin todos esos vicios asquerosos de las bandas americanas de 90, de los grandes líderes de bandas británicas de los 70´s y del rockstar de rolling stone en general, por el contrario, a un ser sincero, sensible, activo, creativo y por lo demás muy trabajador ya que además de sus discos oficiales, muchos demos flotan por su blog oficial y en bastantes sitios de internet. Esperemos novedades para el próximo año. Usted youtubee.

Es todo. Hartas estrellitas.

Fernando Jaque Ramos
Colaborador RA!
http://facebook.com/desarme 

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