La importancia de una banda como Black Rebel Motorcycle Club para el rock radica, entre otras cosas, en la búsqueda de una identidad propia y la constancia frente a cualquier adversidad, pudimos ser testigos de esto en el show que vivimos en Blondie, donde desde la profundidad del escenario el despliegue de potencia se envolvía en la personalidad y autenticidad del trío de San Francisco, algo que el público pudo transformar en una procesión hacia lo más profundo de la expresión musical, tanto que pareciera que cada concierto de BRMC es una lucha interna entre sus integrantes y sus propios demonios.

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Un leve retraso que mantuvo la ansiedad en boga marcó el inicio de la noche, 9.20 pm y la banda aparece por un costado del escenario para incorporarse con rapidez y darle inicio al rasgueo de Beat the Devil’s Tattoo, una batería dominante vibra a través del el denso aire del espacio subterráneo llenado cada rincón con su sonido, la guitarra de Peter encuentra su lugar a un costado desde donde las cuerdas excitadas por el overdrive y la barrera de reverberación cubren a la banda en un manto sonico complementadas solamente por un bloque de frecuencias graves desde el otro costado del escenario donde Robert hace de las suyas.

Caemos fuertemente en un espiral que nos transporta por una antología de 20 canciones donde momentos eléctricos como Let the day Begin, Berlin o Red Eyes and Tears conviven con versiones acústicas de Love Burns u Ordinary Boy (adelantando lo que escucharemos en su próximo disco), este repaso por su discográfica desemboca en una triada final con Conscience Killer, Spread Your Love y Whatever Happend Yo my Rock ’n’ Roll (punk song) donde el volumen sobrepasó el espacio y solo quedaba rendirse ante la vibración en el cuerpo.

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El rockandroll oscuro y profundo es y siempre será una maquinaria imperfecta, la interpretación nunca es exacta, el tempo nunca es constante, el ataque siempre varía, la nota no siempre cae cuando tiene que caer, y es que ver a Robert prácticamente agarrándose a combos con el Epiphone EB-2 es la prueba más contundente de esta realidad. La muestra de dinámica y capacidad sonora nos deja con la sensación de que BRMC es una banda que pertenece a la oscuridad de la noche, el espacio cerrado y subterráneo desde donde su sonido se expande orgánicamente vibrando eternamente hacia el infinito.

Nota: Mariano Díaz
Fotos: Claudia Jaime

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