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Adolfo Couve, y en “El Picadero” la costumbre gana

Siempre he sostenido que mis gustos están alejados de lo chileno. Me gusta la comida coreana, la música en cualquier idioma, menos en español y la literatura extranjera. No sé bailar cueca y tampoco sufro por eso, sólo hace un par de años decidí votar en las elecciones parlamentarias, con el fin de manifestar lo molesta que me siento con respecto al panorama político actual.

Por lo anterior, cuando el administrador de este sitio me dijo que (por ser septiembre) sería bueno escribir sobre un disco de alguna banda chilena; me dolió la cabeza. No porque no existan buenas agrupaciones nacionales, sino porque ninguna me gusta lo suficiente como para lograr un buen comentario acerca de algún disco. De hecho, nada de lo escrito me convenció.

Sin embargo, hay literatura chilena que me parece fascinante y, por lo mismo, decidí escribir sobre uno de mis autores nacionales de cabecera: Adolfo Couve y su libro “El Picadero” (1974)

Hablar de Adolfo Couve es referirse a un artista integral. No sólo fue escritor, también se dedicó a la pintura y a la docencia de las artes en la Universidad de Chile y Católica. Para mí, su figura es una de las grandes deudas que poseen las autoridades relacionadas con el rescate de nuestro patrimonio cultural e intelectual. Que ni siquiera con motivo del bicentenario de nuestra independencia se pudiera editar la obra completa de Couve es algo que parece insólito.

Es como si todo girara en torno a Neruda, Mistral y Bombal. No es que sean malos, por el contrario, son muy buenos, pero ¿en qué lugar de nuestra memoria están Juan Emar, Mariano Latorre, Augusto D`Halmar, entre otros? ¿Dónde queda Aldolfo Couve?

Leer la obra de este hombre es entrar al mundo de un ser único, un tipo que nunca tuvo como intención máxima exorcizar los demonios que trataban de cazarlo, sino que hacerse lo suficientemente fuerte para lograr vivir con ellos. Es una lástima que esta misión haya fallado, llevándolo al suicidio en el año 1998 a la edad de 57 años.

Mi fascinación con Couve comenzó, incluso, antes de leer sus libros. Su obra sólo llegó reafirmar esta fijación. Por lo tanto, cuando “El Picadero” cayó en mis manos no hice más que rendirme a él.

Soy pésima haciendo resúmenes de obras de cualquier tipo, por lo que siempre mis críticas se basan en las emociones que éstas me producen. Para mí, “El Picadero” es una historia que se compone no de capítulos, sino que de personajes y de cómo ellos buscan brillar dentro de la cotidianeidad más triste, de las pasiones más bajas y las alegrías más superficiales y falsas. Es la trama, basada en la decadencia lograda con la modernidad, la que los eleva a lo más alto para más tarde, dejarlos caer, convirtiéndose ese descenso en algo más sublime que los pocos júbilos que han experimentado.

Para el autor el tema de la familia siempre fue algo sensible y eso se hace notar en esta novela. Las relaciones consanguíneas sostenidas en bases débiles y nexos oligárquicos que en vez de entregar amor son capaces de generar pánico. Las frustraciones por lo fragmentario del mundo y la localización externa de sentimientos que debieran generarse dentro del núcleo más próximo, son las temáticas más fuertes.

.En una entrevista Couve deja en claro que “nació realista”. Es necesario sacar este término de lo que burdamente conocemos como “realidad”, para el autor no se trata sólo de retratar el día a día de los personajes, sino que de encontrar el “tema universal”. Aquello que dentro de esa “realidad” nos reúna como seres humanos.

Luego de esta reflexión “El Picadero” se abre a nosotros como una máquina de humanidad, en donde lo que se adiestra no es la carne, sino que esa vida que le da presencia al cuerpo, la luz que hace que seamos visibles; que existamos.

Por lo anterior, en la historia no se vislumbra ningún ganador, ningún personaje fulgurante por la belleza misma, sino que personas que se hacen más hermosas por la valentía de dejarse llevar por lo ruinoso de sus vidas, por no querer cambiar nada de la fealdad que les tocó vivir. Es una historia de perdedores que se hacen más dignos no por rectificar, sino que por acatar, por acostumbrarse, por vivir…

Finalizando, “El Picadero” es un libro de pequeña extensión, pero las sensaciones que despierta en el lector son grandes. Sin duda, un recomendado de nuestra literatura.

PD: Por favor obviar la calidad del vídeo y el circulo amarillo que dice “RITMO LATINO”. No habían más opciones.

 

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